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Abraza tu Soledad.

no debemos huir de la soledad, sino hacer de ella nuestra cómplice de vida.



- "¿Qué es la soledad? – pregunta el Principito
- Es un reencuentro contigo mismo y no debe ser motivo de tristeza, es un momento de reflexión”


¡Ay la soledad! Tan temida, tan rechazada, con tan mala fama... Y sin embargo, tan necesaria.


Aprender a estar con uno mism@ es básico, y más en la época que nos ha tocado vivir, con esta pandemia que nos obliga a quedarnos en casa y en la que, seguramente, a muchas personas no les queda más remedio que estar solos y solas. Seguramente esta sea una lección que la vida nos tenía preparada, porque no sabemos estar solos, no lo estamos nunca y ya era hora. Pero esto no debemos verlo como un castigo o tomarlo con resignación, sino todo lo contrario. Debemos verlo como una magnífica oportunidad para disfrutar de nuestra propia compañía.


Nos pasamos la vida huyendo de la soledad, nos da pánico estar solos. En una sociedad con sobredosis de estímulos por doquier, marcada por la hiperactividad, por el no parar de hacer cosas, de acumular experiencias, y con cuanta más gente mejor, el estar en momentos de quietud y soledad, sin hacer nada, está mal visto y estigmatizado, llegando incluso a hacernos sentir culpables si no estamos en "modo hiperactivo". En definitiva, el ritmo irrefrenable en el que estamos inmersos lo hace prácticamente incompatible con el simple hecho de poder tomarnos una pausa y estar tranquilos, en silencio.


Y cuando hablo de estar solo o sola, no me refiero únicamente a estar solos de forma física, sino también de forma mental y emocional. Muchas veces estamos en casa, solos, sí, pero o bien estamos conectados al móvil, en las redes sociales, colgando la última actividad que acabamos de realizar, o bien estamos enganchados a una serie, o hablando por teléfono con alguien… Eso tampoco es soledad real. Todo eso no son más que parches que no hacen más que tapar el vacío interno que tenemos dentro de nosotros. La verdadera soledad, la de calidad, la elegida de forma voluntaria, implica estar única y exclusivamente con y para nosotros mismos, sin ningún otro estímulo externo, y poder disfrutar de ello. Y ahí reside el verdadero reto.


¿Qué pasaría si quitásemos todos esas distracciones que nos rodean constantemente y nos quedásemos solos, a pelo, sin ningún estímulo que pudiera tapar y distraer? Pues que solamente quedaríamos nosotros. Y la pregunta es ¿estamos dispuestos a quedarnos a solas con nosotros? ¿seríamos capaces de aguantarlo, de sostenerlo? ¿qué veríamos? Muchos, ni siquiera pueden soportar esa idea.


La soledad, sin embargo, nos brinda una excelente oportunidad para conectar con nosotros mismos, sin interferencias de nadie más, para poder reflexionar acerca de nosotros, de quienes somos, de nuestra vida, y conectar con nuestro verdadero propósito. Porque si seguimos haciendo oídos sordos a nuestra esencia y al verdadero camino que de verdad queremos seguir, estaremos viviendo una vida llena de dudas e infelicidad, y tarde o temprano la vida misma nos va a obligar a parar y nos va a hacer reflexionar. Muchas veces esta etapa de introspección viene de manera natural (los expertos afirman que se suele dar entre los 30 y 40 años aproximadamente, la conocida “crisis de la mediana edad”), pero muchas otras veces no, y es entonces cuando es la vida misma la que nos obliga a hacerlo, muchas veces de forma no agradable.


Saber estar solo debe ser visto como uno de los ejes principales en los que se apoya nuestra vida. Obviamente no significa vivir aislado y al margen de la sociedad, va mucho más allá. Significa tener el control total de nosotros mismos, conociéndonos y aceptándonos, para así no generar apegos emocionales que nos hacen depender de los demás en exceso. Si estamos a gusto con nosotros mismos, eso mismo se va a transmitir a los demás, y más saludables serán las relaciones que tengamos con el resto de las personas.


De todas maneras, la soledad debe ser un lugar en el que debemos ir de vez en cuando; tampoco debemos permanecer en ella para siempre. Eso tampoco sería saludable; somos humamos, y por ello, somos seres sociales. El propósito de conectar con nuestra soledad debe ser el de mejorar nosotros mismos individualmente y salir, después, más reforzados para tener mejores vínculos interpersonales con los demás.


La soledad ofrece también otro gran beneficio: es también una gran fuente de inspiración y creatividad. Las grandes obras de la humanidad se han creado estando sus autores en momentos de soledad y conectados con sus ser.


Abracemos, pues, nuestra soledad. Disfrutémosla, hagámosla amiga nuestra, cómplice de nuestra vida. En ella reside nuestra verdad.


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