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Por qué Somos cómo Somos.



"Somos lo que pensamos, todo lo que somos se levanta de nuestros pensamientos. Con ellos creamos el mundo." (Buda)

A lo largo de todos los años que llevo adentrándome en el mundo del desarrollo y el crecimiento personal y espiritual, he tratado de comprender los diferentes conceptos que conforman nuestro ser (mente, emociones, sentimientos, pensamientos, inconsciente, etc.) y cómo se organizan entre ellos, es decir, cómo uno determina a otro, y así sucesivamente, con todo el resto. No es una tarea fácil, puesto vendría a ser el "quid" de la cuestión de todo lo que somos a nivel mental y emocional, y yo no me considero "gurú" de nada; simplemente me he dedicado a recopilar todos mis conocimientos (adquiridos a través de los aprendizajes de maestros de verdad) y he configurado mi propio mapa o esquema de cómo vendríamos a funcionar los seres humanos. Más que un mapa, yo nos veo como a un árbol. Salvo una diferencia, que os contaré al final.


A continuación os muestro el esquema-árbol que he configurado a modo de analogía en cuanto al funcionamiento mental-emocional-conductual del ser humano:





Vayamos por partes:


Semilla: nuestra mente vendría a ser la semilla de un árbol. Venimos al mundo con una mente limpia, vacía, virgen; es nuestro "disco duro" al que aún no se le ha introducido nada (o casi nada, como veremos más adelante). Desde el momento en que nacemos, y a lo largo de los años en que vamos creciendo, nuestra mente se va alimentando del ambiente familiar en el que crecemos y de los valores, creencias, juicios y opiniones que en él se originan, así como los también generados por nuestra sociedad y cultura.


Suelo/tierra: Por lo tanto, la familia, la cultura y la sociedad en la que nacemos y crecemos vendría a ser el suelo o la tierra en la cual crece el árbol. Dependiendo de las condiciones del suelo (más o menos húmedo, seco, nivel de alcalinidad, etc.) el árbol se desarrollará de una manera u otra. Del mismo modo, dependiendo de las condiciones y el ambiente familiar en el que estemos, y de las creencias, valores y juicios que allí se generen, éstos determinarán también nuestro desarrollo mental y emocional (es decir, nuestra personalidad). En el suelo (seno familiar y social) es también donde se encuentra el inconsciente familiar y colectivo, es decir aquellos condicionantes inconscientes que, a nivel global, también determinan nuestra manera de ser.

Raíces: una vez la semilla ha germinado y se extiende por el suelo, se van creando las raíces que son las que van captando los nutrientes del suelo en el que se encuentra. A nivel análogo, para el ser humano las raíces serían nuestros propias interpretaciones, creencias, justificaciones y experiencias personales que quedan anclados en nuestro propio ser a partir del ambiente en el que nos encontremos y que determinan la base de nuestro propio desarrollo personal. En las raíces se encuentra también nuestro inconsciente y en él todas las programaciones que nos han sido transferidas de nuestros ancestros. Es por eso que la semilla (nuestra mente) no viene vacía del todo, ya que contiene esta información transgeneracional que condiciona y que incide enormemente en nuestra vida.


Tronco: una vez tenemos los elementos base a partir de los cuales crece un árbol (semilla, suelo y raíces) éste va creciendo hacia a fuera, a la vida, a través de la formación de su tronco. Igualmente, la persona también va creciendo y formándose a partir de sus emociones y pensamientos, los cuales van configurando su ser.

  • Emociones: del mismo modo que las condiciones meteorológicas impactan en el árbol (frío, calor, lluvia, nieve, viento, etc.), los acontecimientos externos a nosotros son los que nos provocan un impacto, y eso nos genera unas emociones determinadas (alegría, miedo, enfado, etc.). Las emociones son instantáneas, naturales e inevitables. Son lo que son y las sentimos como las sentimos. No podemos hacer nada para cambiarlas y evitarlas. Al igual que el calor calentará al árbol o la lluvia lo mojará, una noticia que consideremos favorable para nosotros nos provocará alegría y otra que no lo sea, nos generará enfado o tristeza (por ejemplo).

  • Pensamientos: A nivel análogo, los pensamientos serían para el árbol la manera como éste resiste los envites de las condiciones atmosféricas (emociones). Puede mantenerse erguido, o puede torcerse. Los pensamientos están condicionados a las creencias, valores juicios, justificaciones y experiencias pasadas de la persona.


Ramas: los sentimientos son las emociones justificadas con nuestro pensamiento y, por lo tanto, tenemos control sobre ellos. Un sentimiento se genera a través de la explicación que yo le doy a una emoción determinada. La estamos racionalizando, interpretando, justificando o excusando. Eso se traduce después en un determinado sentimiento. Cuando queremos dar una explicación a lo que sentimos, catalogándolo como bueno o malo, o socialmente correcto o incorrecto, a la emoción la cargamos de nuestros pensamientos, que a su vez se nutren de nuestros juicios, valores, creencias, etc.


"Los pensamientos nunca son honestos. Las emociones, si." (Albert Camus)

Tallos: Así como de las ramas de los árboles nacen los tallos, de los pensamientos de las personas se generaran determinadas acciones, las cuales variarán en función de la naturaleza de lo que pensemos. Es por ello que los pensamientos son tan importantes para nuestra vida, ya que determinan nuestro comportamiento; y ya hemos visto cómo se generan los pensamientos, por lo tanto también tenemos que prestar mucha atención al resto de elementos que se configuran antes y que determinan estos pensamientos.


Hojas y frutos: finalmente, a partir de nuestras acciones obtendremos determinados resultados, los cuales puede que nos sean gratos o no. Si lo que estamos obteniendo no nos gusta, deberíamos revisar nuestros sentimientos, pensamientos y acciones para poder tener resultados diferentes. Ahí es donde radica la dificultad, ya que al final, debemos cambiar ciertos elementos que componen la base de nuestro ser, es decir, nuestras raíces (creencias, interpretaciones y juicios).


Finalmente, quisiera enlazar este último punto con lo que apuntaba al principio de artículo, sobre la diferencia que tenemos con los árboles. Obviamente hay muchísimas diferencias, pero tomando la analogía que estoy haciendo aquí, la diferencia principal es que a diferencia de los árboles, nosotros podemos cambiar: podemos decidir cómo queremos vivir. No podemos cambiar nuestra familia, ni nuestra sociedad, ni nuestra cultura pero si podemos cambiar nuestra forma de relacionarnos con todas ellas y también podemos alejarnos de ellas, si queremos, y buscar un suelo/tierra que nos guste más y que se adapte mejor a nuestra verdadera esencia, lo que realmente somos en realidad. Podemos cambiar el crecimiento de nuestras raíces, es decir, nuestras creencias y valores, y a partir de ahí, cambiar nuestros sentimientos, pensamientos, acciones y resultados.


De nosotros depende cómo queremos ser y cómo queremos vivir.


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