En muchos equipos, las conversaciones incómodas se evitan en nombre de la armonía.
Se suavizan mensajes. Se diluyen expectativas. Se dejan cosas sin decir.
Pero la incomodidad no desaparece. Se transforma en malentendidos, desgaste y silencios.
Evitar una conversación difícil no protege la relación. La debilita.